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F-110: una nueva generación de capacidades para la defensa naval

21 de octubre de 2026

Por Rafael Seijo, director de Programa F-110, Navantia


Hay buques que representan una evolución. Y hay buques que marcan el comienzo de una nueva generación.

La F-110 pertenece a la segunda categoría. Nace de décadas de experiencia española en el diseño, construcción e integración de fragatas y las proyecta hacia un escenario operativo mucho más exigente: un entorno multidominio en el que amenazas submarinas, aéreas y de superficie, sistemas no tripulados, guerra electrónica y ciberamenazas forman parte de una realidad cada vez más compleja.

Para responder a ella, la F-110 no se limita a incorporar nuevas tecnologías. Las integra para proporcionar nuevas capacidades operativas.

Las cinco fragatas de la clase Bonifaz están destinadas a relevar a las fragatas de la clase Santa María y a preservar una misión esencial para la Armada Española: escoltar y proteger a la fuerza naval. Pero lo harán con una plataforma concebida desde su origen para combinar guerra antisubmarina, defensa antiaérea y combate de superficie, operar integrada con fuerzas aliadas y evolucionar durante décadas.

La ventaja de un buque moderno no está únicamente en cada uno de sus sensores o sistemas. Está en su capacidad para detectar antes, comprender mejor lo que sucede, compartir esa información y responder de forma coordinada.

Y ahí comienza la diferencia de la F-110.

1. Ver, comprender y responder

La primera capacidad de un combatiente de superficie moderno es construir una imagen precisa de lo que sucede a su alrededor.

La F-110 ha sido concebida precisamente para operar en ese entorno. Su arquitectura de combate integra el sistema SCOMBA, desarrollado por Navantia, con tecnologías como el radar SPY-7 y el International Aegis Fire Control Loop (IAFCL). Esta integración constituye la base de la capacidad antiaérea de la fragata y permite coordinar funciones de gestión de trazas, doctrinas y enfrentamientos.

La combinación es especialmente relevante porque reúne en una misma arquitectura la capacidad soberana de SCOMBA y la tecnología de defensa aérea vinculada a AEGIS.

La F-110 está concebida para actuar simultáneamente en distintos dominios. Junto a sus capacidades antiaéreas y antisuperficie, la guerra antisubmarina constituye uno de los elementos centrales de su diseño operacional, en un momento en el que la detección y seguimiento de submarinos cada vez más discretos supone uno de los grandes desafíos para las marinas.

El resultado es una fragata multimisión preparada no solo para defenderse, sino para proteger a otras unidades y contribuir a la defensa de una fuerza naval.

Y hacerlo, además, formando parte de ella.

La interoperabilidad se ha incorporado como un principio de diseño. La combinación de SCOMBA, tecnología AEGIS, SPY-7 y estándares operativos comunes está orientada a que la F-110 pueda integrarse en agrupaciones navales multinacionales y operar junto a fuerzas aliadas.

2. Un buque digital para mantener la ventaja durante décadas

Pero la capacidad de combate de una fragata no depende únicamente de lo que pueda hacer el día en que entra en servicio.

Depende también de lo que podrá hacer dentro de diez, veinte o treinta años.

Por eso, otra de las grandes diferencias de la F-110 está bajo la superficie: su arquitectura digital.

Sensores, sistemas, comunicaciones y servicios comparten una infraestructura concebida para convertir grandes cantidades de datos en información útil para operar el buque.

El Sistema de Servicios Integrados (SSI) actúa como el sistema nervioso digital de la plataforma. Integra sensorización, comunicaciones interiores, conectividad y otros servicios sobre una infraestructura común y está conectado con sistemas como el Sistema Integrado de Control de Plataforma y con el Gemelo Digital

El Gemelo Digital no es solo una representación virtual de la fragata. Recibe información procedente de los sistemas y sensores del buque para conocer mejor su comportamiento y apoyar el mantenimiento, la operación, la toma de decisiones y la formación de la dotación.

Esta arquitectura aporta además algo fundamental para un buque concebido para prestar servicio durante décadas: capacidad de evolución.

3. Experiencia española para una nueva generación internacional

Nada de esto parte de cero.

La F-110 se apoya en una trayectoria de décadas de colaboración entre Navantia, Lockheed Martin, la Armada Española y el Ministerio de Defensa y en la experiencia adquirida con generaciones anteriores de buques.

Las F-100 demostraron la capacidad española para diseñar e integrar combatientes de superficie avanzados e incorporaron el sistema AEGIS a la Armada. Ese conocimiento encontró posteriormente continuidad internacional en programas para Noruega y Australia.

La F-110 recoge ahora ese legado y lo lleva un paso más allá.

No se trata únicamente de añadir sensores más avanzados a una nueva plataforma. Supone combinar arquitectura naval, integración de sistemas, capacidad de combate y digitalización desde el propio diseño del buque.

La innovación adquiere verdadero valor cuando se transforma en capacidad operativa.

Ese es, probablemente, el mejor modo de entender la F-110: no como una suma de tecnologías, sino como un sistema integrado diseñado para obtener ventaja en un escenario naval cada vez más exigente.

Con ella, España da continuidad a una trayectoria que comenzó mucho antes con otras generaciones de fragatas, pero abre una etapa distinta: la de los buques de combate conectados, digitalizados y preparados para evolucionar.

Una nueva generación concebida en España para responder a los desafíos de la defensa naval de las próximas décadas.

De España al mundo.

Porque diseñar una fragata para las próximas décadas exige mirar mucho más allá del horizonte.